+ Ey, ¡espera! Ven un momento
* ¿Qué quieres?
+ Shhh, calla y acércate.
Él la cogió y la abrazó, acurrucando en su cuello la cabeza de ella
+ Ahora mira, relájate
Y suavemente le comenzó a acariciar el pelo. Ni él mismo creía la ternura que eran capaces de desprender las yemas de sus dedos en ese momento.
+ ¿Ves? Así conseguiré relajarte cada día
* ¿Acurrucada en tu cuello y acariciando mi pelo?
Él asintió muy seriamente. Sabía que era lo que hacía tantas noches soñaba. Tenerla piel contra piel, aunque sólo fuera un poquito. Y sentir que el tiempo se paraba, que todo dejaba de andar por momentos, y que sólo existían ellos dos en esa habitación.
Suavemente, comenzó también a acariciarle la cara y el cuello. Ella cerró los ojos dejándose llevar, y cayó rendida a ese tierno abrazo. A continuación, sintió su mano recorrer su espalda, hasta llegar al final de su camiseta, donde hizo el recorrido a la inversa hasta su cuello. Pero esta vez, notaba sus dedos sobre la erizada piel de su espalda. En ese momento dejó de pensar. Entró en un vacío en su mente y, con los ojos cerrados, se dejó llevar en ese mundo de sensaciones.
+ Me relaja acariciarte. Me llevas a un mundo mejor…
Le susurraba suavemente él al oído. Ciertamente, esas caricias le daban estabilidad mental. Era la pieza que faltaba en el complejo puzzle de su vida. Ella no hacía más que seguir acurrucándose en su cuello. Hasta que, aún sin abrir los ojos, comenzó a besarlo. Lentamente, con besos cortos, y luego mordiendo un poquito. Así consiguió que se erizara su piel, y estarían en igualdad. También comenzó a acariciarle el pelo con la punta de sus largas uñas. Esas uñas que tanto le costó cuidar y ayudar a crecer, pero que ahora lucían preciosas.
Él no sabía qué pensar, y seguía recorriendo cada centímetro de su espalda, disfrutando del placer que le proporcionaban los besos que recibía en el cuello de sus labios. Bueno, mejor dicho, SUS labios. Eran los labios con los que llevaba meses soñando. Llevaba meses imaginando cuál sería su sabor. Pero nunca se atrevía a descubrirlo. Sabía que para ello, debería dejar crecer una pequeña semilla en su corazón, hasta que fuera un frondoso árbol. ¿Tanto había que esperar? Bueno, de momento, con esas caricias se conformaba, aunque sus sueños le decían lo contrario. Él siempre pensaba que “si sueñas con algo, es porque es lo que realmente quiere tu corazón, y el corazón es como un niño, se muere por lo que desea de verdad”. Era una frase que leyó por ahí hace muchos años, pero se le quedó grabada. Siempre fue un poco romántico, y pensó que cuando descubriera el amor de su vida, usaría todas y cada una de esas frases que tanto le habían inspirado para escribirle un cuento de amor cada noche. Sabía que, si realmente estaba enamorado, las palabras le salían solas. Y no lo hacía por hacer. Para nada. Lo necesitaba. Necesitaba demostrarle a ese amor todo lo que su corazón sentía.
Pero no nos centremos en su pasado. Quería, mejor dicho, estaba convencido de que su presente era lo verdadero. Eso que llaman, el primer amor. El único y verdadero, el de “para toda la vida”. El que, si no crece ese árbol, te quedarás con nostalgia hasta que mueras. Y eso era ella para él. Eso es quien ahora mismo le está mordiendo sensualmente el cuello. Por eso no sabe qué hacer. Pero sigue acariciando su espalda. De momento, le vale…
+ Al final me has puesto la piel de gallina…
* Es lo que tú hiciste hace un rato, al meter tu mano bajo mi camiseta para recorrer mi fea espalda
+ ¡No digas que es fea!! Para mí, es preciosa.
* Sueñas despierto. Es horrible.
+ Y tú no sabes lo que en realidad me gusta. Y, entre otras muchas cosas, está tu espalda. Y sobre todo, acariciarla… Me perdería en el tiempo recorriéndola y aprendiéndomela de memoria.
* Bueno, es lo que estás haciendo ahora, ¿no?
+ Claro. Por eso no he parado de hacerlo :)
En ese momento, ella le miró. Se levantó un poco, y mirándole a los ojos, le preguntó muy seriamente…
* ¿Y qué es lo que en realidad te gusta?
+ Bueno… Muchas cosas… No sabría decirte…
* Hombre, me acabas de decir que te gusta mi espalda. Eso ya es algo, ¿no?
+ Sí claro…
* Bueno, pues ¿qué más?
+ Uhm no sé… Tu pelo…
* Jajaja, de eso ya me he dado cuenta también sin que me lo dijeras. A mí… Me gusta tu cuello…
+ ¿En serio? No tiene nada…
* No es lo que tenga o deje de tener. Es lo que es. Y para mí, tu cuello es un lugar donde poder relajarme mientras me acaricias…
En ese momento, él se sonrojó, y ella se volvió a acomodar en su cuello. Dejó sus labios pegados a su piel lo más cerca que pudo. Y siguió acariciándole el pelo.
Él volvió a la espalda que tanto le gustaba. En un momento, le dijo…
+ También me gustan tus labios… Y que me beses el cuello… ¡Aunque me pongas la piel de gallina!
* ¿Mis labios? Eso sí que no tiene nada…
+ Mi piel y mi cuello no opinan lo mismo…
* ¿Y te pones nervioso? Porque a cada beso, noto cómo te tensas un poco…
+ …Uhm…No…
* Jajaja, mientes un poco mal…
En ese instante, ella se sentó encima suya. Pasó su pierna sobre las suyas, y pudo sentarse a horcajadas. Esto le puso muy tenso, pero sabía controlarse. Lo había ensayado mentalmente muchas veces. Pero ella le rompió los esquemas en una frase…
* ¿Quieres que hagamos un trato?
+ …Bueno, cuéntame… Todo es verlo…
Se estaba poniendo nervioso por momentos. Mierda, ¡MIERDA!, esto no lo había ensayado… Pff, a ver qué hace…
* Mira, consiste en que tú cierres los ojos, y me prometas que no los vas a abrir durante cinco minutos, pase lo que pase. ¿De acuerdo?
+ Joder, ¿pase lo que pase? ¿Me vas a asesinar aquí mismo o qué?
* Jajaja, qué exagerado eres. Pero no, que la sangre se quita muy mal, y no quiero manchar mi habitación. Pero tampoco te puedo decir lo que pasará… Es aceptar o no… Tú verás…
+… Bueno, creo que confío en ti… Vale, cerraré los ojos.
Así, él cerró los ojos con su mente a toda velocidad. Intentaba mantenerse tranquilo, pero no sabía qué iba a pasar. Joder, esto no lo había pensado, ¡ni siquiera en sus sueños pasaban estas cosas!. Estará soñando… Sí, eso debe ser…
Cuando cerró los ojos, ella se acercó lentamente a su cuello, y comenzó a darle pequeños y suaves besos. Comenzó por un lado, y continuó hasta el otro atravesando su garganta. Intercalando pequeños mordisquitos, que le ponían más tenso aún. Él estaba petrificado. ¡Pero qué estaba pasando! Le estaba besando el cuello su amor increíble, su máxima perfección femenina, y encima tenía los ojos cerrados. ¿Qué pretendería?
Ella comenzó a subir por su mejilla. Le dio un par de besos, y pasó a la otra, dando un pequeño beso en la nariz. Subió por sus ojos y su frente, encontrándose con la mejilla que besó por primera vez, y siguió por la barbilla. De repente, paró, y para él pasaron siglos en lo que para ella fueron segundos. Y de repente, le recordó…
* Debes seguir manteniendo los ojos cerrados, ¿vale? Pase lo que pase, recuerda…
Él asintió, de la forma que pareciera menos tenso. Pero en realidad estaba temblando. Jamás se había imaginado en una situación así.
Ella se quitó la camiseta, dejando su espalda desnuda a la vista, y le dio un pequeño beso en los labios. En ese instante, él no se creía nada, y pensaba en pellizcarse para comprobar que todo era un sueño. Pero en el fondo no quería despertar. Joder, si esto era un sueño, ¡era un puntazo! Quería tener sueños así cada noche…
Ella posó las manos de él en su desnuda cintura, y dijo…
* Aunque tengas los ojos cerrados, puedes seguir acariciando esa espalda que tanto te gusta…
Y de repente, se abalanzó a sus labios. Un beso largo, apasionado, recorriendo con su lengua cada uno de sus dientes. Y luego otro. Y otro. Parecía que sus labios tuvieran pegamento…
Al despertar en su cama, se miraron, con una mirada llena de ternura, y sobre todo, de satisfacción. Quizás la semilla no era un frondoso árbol, pero crecería. Con cada caricia, con cada beso, la regaban, y crecía. Y cada noche que podían, se despertaban juntos por la mañana. Dormían abrazados, sin separarse, piel contra piel. El sueño cumplido. El sueño a cumplir…